miércoles, 15 de marzo de 2017

RESEÑA DE EL ÁRBOL DE LA CIENCIA


PÍO BAROJA: EL ÁRBOL DE LA CIENCIA   

A la mayoría de los participantes en la tertulia nos ha gustado mucho leer o releer El árbol de la ciencia del noventayochista Pío Baroja.  La apuesta por los clásicos es siempre una apuesta segura.

Y lo que hace que un libro sea un clásico es su intemporalidad, que no se consigue sin una gran calidad tanto en el plano formal como en el de las ideas que expresa.

A pesar de haber transcurrido más de cien años de la publicación del libro, se tiene  a veces la sensación de que está escrito ahora mismo, porque plantea debates y críticas de actualidad.

Baroja fue, además de un gran lector, un gran viajero, y destaca por su capacidad para describir pueblos y paisajes y sobre todo personajes, con una especie de arte de pintor magistral. Es un gran captador de ambientes, evocados sin duda de su experiencia vital. Siente predilección por reflejar el mundo de  las gentes humildes y al mismo tiempo por los tipos raros, absurdos. Es un escritor tremendamente crítico y escéptico con la sociedad, la política y las costumbres.

 Con un argumento y una caracterización del personaje semiautobiográficos, Baroja nos transmite amargura existencial, hastío, angustia, incertidumbre ante el futuro..., temas todos ellos característicos del 98.

Hombre  de gran inteligencia, indeciso respecto a su vocación, mal estudiante por culpa de su carácter y desinterés, Baroja, al igual que el protagonista de la novela, su alter ego, se doctoró en medicina y ejerció la profesión de médico. Pero ambos no tardaron en advertir que no era lo suyo, riñendo con el médico viejo, con el párroco, con el alcalde y hasta con los pacientes, abandonando el trabajo e inclinándose hacia el mundo de los libros. Autor y protagonista nunca se vieron a la altura de sí mismos.

 En esta obra, cuya  parte central es un debate filosófico desarrollado en las discusiones entre el protagonista, Andrés Hurtado, y su tío, se plantea la contraposición entre dos movimientos filosóficos. Ante el pesimismo nihilista de Schopenhauer, que está en el espíritu de Baroja y por tanto de Andrés, se pueden tomar dos caminos:

 Iturrioz, el tío, opta por el vitalismo en su vertiente nietzscheana: abolir los valores judeocristianos traerá consigo un nuevo tipo de hombre que, frente al sinsentido de la vida, no caiga en la desesperación, sino que esté inclinado a la lucha, a la acción.

 Andrés representa el positivismo, la confianza en que el progreso de la ciencia terminará resolviendo también los problemas más profundos de la vida humana. Sin embargo, educado en el materialismo médico y marcado por el criticismo kantiano, la moral cristiana y la seducción del neobudismo de Schopenhauer, Andrés Hurtado no logra corregir su desgana de hacer y de vivir. El gran problema para Andrés es la  contradicción que hay entre ciencia y vida, expresada ya en el Génesis de forma metafórica: Frente al Árbol de la Vida, el Árbol de la Ciencia, que da título a la novela.

La ciencia no servirá nunca para dar sentido a la vida del hombre.

El final trágico de la novela representa el triunfo de Schopenhauer, del veneno nihilista que marca la personalidad de Andrés y también de España, el tema de fondo en los autores de la generación del 98. Desde un punto de vista individual, Andrés Hurtado, idealista hasta la médula, ve en la muerte algo de consuelo: el mundo no continuará tras su muerte.

Carmen Truchado Pascual

lunes, 16 de enero de 2017

RESEÑA DE LA CONFESIÓN DE LA LEONA

Ponemos fin a los encuentros del 2016 con la alegría de haber disfrutado de una lectura muy especial. Al sumergirnos en la Navidad y en el cambio de año con toda su carga de tradiciones  y connotaciones religiosas, culturales y sociales, confrontamos esas costumbres con otras totalmente desconocidas para nosotros. Y eso nos proporciona un aire de frescura y renovación.

 La confesión de la leona es una novela del mozambiqueño Mia Couto, un hombre polifacético, inteligente e interesantísimo nacido a mediados del pasado siglo, que escribe en portugués y tiene una obra abundante que va desde la poesía a la novela pasando por el relato y la crónica periodística. Su nombre lleva varios años sonando para el premio Nobel. Es un hombre cuyas raíces beben del saber de la medicina, el periodismo, la biología, la política…, un hombre que sabe del mundo, de los mundos, porque en su obra pone en contacto la realidad de la sociedad occidental y la realidad profunda y plural del mundo africano, donde conviven diferentes culturas, pueblos, naciones, religiones… Y nos cuenta sus historias con una belleza plástica y unas imágenes poéticas que han supuesto una innovación estilística en lengua portuguesa, razón por la que le han  sido concedidos importantísimos premios, entre ellos el Camões de Literatura.

La novela que nos ha aportado una narración original, misteriosa y grandemente humana es La confesión de la leona. Nos cuenta la historia de una pequeña y remota aldea mozambiqueña que es asediada por un grupo de leones asesinos. Basada en hechos reales, precisamente el escritor estuvo allí acompañando a uno de los cazadores que enviaron para matar a los animales. Él debía escribir lo que viera y lo que vio fue que se le ofrecía una historia poderosa que acabó convirtiéndose en una metáfora, una fábula de cómo el mundo occidental, los tiempos modernos, van devorando el modo de vida y las tradiciones de esa aldea africana.

Haciendo gala de la pluralidad de ideas y la apertura de mente que le caracteriza, Mia Couto nos cuenta la historia desde dos puntos de vista: el cazador y una joven de la aldea cuya hermana es la última víctima de los leones. Además, los personajes secundarios: el escritor, la madre, el padre, el abuelo muerto, el político, la mujer del político, el policía, contribuyen a crear un ambiente cerrado y complejo en el que conviven muchos tiempos en uno: el presente y el pasado se funden en el pensamiento y el modo de vivir de los personajes.

En esta novela nos habla de temas como la vida y la muerte, los sueños y la naturaleza. Son sus temas. Nos da una visión muy sugestiva del realismo mágico africano o realidad mágica como él prefiere llamarla porque allí la modernidad convive con tradiciones y creencias ancestrales, como el animismo, incluso dentro de cada persona.

Mia Couto traza una especie de paralelismo entre la figura del cazador y la del escritor:

La primera literatura fue oral y quienes primero contaron sus aventuras a los demás miembros de la tribu alrededor del fuego debieron ser los cazadores. Por otra parte, el escritor es un cazador de imágenes, de palabras, con las que intenta aprehender la realidad y, sobre todo, el tiempo en sus obras. Pero lo más humano es que se sirve el autor de esta relación,  que es ambigua y osmótica, y de sus armas de gran narrador para denunciar la situación de desigualdad, de desventaja de África respecto al mundo desarrollado. 

Denuncia a través de sus novelas, y de esta en concreto, todo lo que ve de injusto a su alrededor, que es mucho: la pobreza, la miseria, la guerra, la deforestación y demás problemas medioambientales, el hambre, la desnutrición, los problemas sociales y sanitarios, la dificultad de acceso al agua potable, los abusos del poder, la violación de los derechos humanos, especialmente los de las mujeres, que son las víctimas absolutas de una sociedad patriarcal y cruel y que reciben en sus carnes las heridas y los abusos más terribles causados por todas estas lacras. Y lo hace engrandeciendo la figura femenina, dándole el protagonismo que en la realidad se le hurta.

En definitiva, denuncia lo que todo el mundo sabe pero todo el mundo calla y lo que, a fuerza de repetirse en los medios de comunicación, se desvitaliza y deja de mover las conciencias.

África es un continente olvidado, castigado y expoliado y la narración de Mia Couto es una certera acusación para que el mundo reflexione sobre estas injusticias y pueda empezar a darles solución. Sin sentimentalismos, sin tópicos, fundiendo la cultura y lengua portuguesas y las autóctonas y con un estilo poético que nos acerca por igual a lo real y a lo irreal y dota de una gran fuerza a la ficción. Y que nos pasa el testigo, la cuerda del tiempo, igual que al cazador se la pasó la confesión de la leona.

Carmen Truchado Pascual

 

 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

RESEÑA DE "MI VIDA QUERIDA"


Alice Munro, la escritora canadiense premiada en 2013 con el Nobel de Literatura nos ha proporcionado una lectura para comenzar este nuevo curso: Mi vida querida,  publicada en 2012, un conjunto de relatos entre los que figuran los cuatro últimos, de carácter autobiográfico, y otros diez ambientados  en el pasado, algunos de ellos en las épocas inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial o a la Guerra de Vietnam, mostrando unos seres visiblemente fracturados.
 
  Con una gran capacidad de síntesis, Munro rehúye lo anecdótico y es capaz de contar argumentos novelísticos en el espacio y tiempo de cada cuento.

  Aunque la autora intenta desmarcarse de las historias que narra y a pesar del aparente distanciamiento con que trata hechos y personajes, pensamos que muchos de los relatos evocan detalles de su existencia como hija, madre y esposa. Describe hombres prisioneros de su rigidez emocional y mujeres infelices en su matrimonio, encerradas en una vida perfecta pero insatisfactoria que los hombres y la tradición han diseñado para ellas. Pero algunas, como ella misma, un buen día, deciden coger las riendas de su vida y darle un giro. Aunque parezca una huida o una locura inexplicable.

  Todas las historias muestran las siempre difíciles relaciones interpersonales, especialmente las de pareja. Son relatos muy duros, nada sentimentales, contados con un lenguaje sobrio, cortante a veces.  Los protagonistas, igual que en toda la obra de Munro, son gente corriente que se debate entre sus ilusiones y la realidad que las desarma, entre el dolor y las ganas de sobrevivir. Son personajes frágiles, atrapados por su imposibilidad de romper con el destino y descritos con una gran profundización psicológica.

  La grandeza de esas historias radica en que todo lector puede hacer suyo algo de lo que Munro nos cuenta, nos descubre o nos omite de su época, de su vida o de la vida de otros. Con gran humanidad.

  Y la naturaleza humana se reafirma al aceptar que el amor nos hunde y nos salva al mismo tiempo, al asumir que sufriremos y haremos sufrir inevitablemente. Y a pesar del sentimiento de culpa, perdonarnos por ello. Y así, seguir viviendo.

 
Carmen Truchado

domingo, 25 de septiembre de 2016

RESEÑA DE "EL CAMINO"


Miguel Delibes es sin duda alguna el cantor de lo castellano. Cuando publica en 1950 El camino, Cantabria era una de las provincias de la región histórica de Castilla la Vieja. Y así lo estudiábamos en el colegio en ese tiempo extenso llamado posguerra en que vivíamos de forma muy parecida a como lo hace Daniel el Mochuelo, el protagonista de la novela, incluso aunque viviéramos en una ciudad.
      Delibes ambienta su obra en un pueblo de Santander y describe maravillosamente los lugares en que él mismo vivió de niño, en el valle de Iguña, donde pasaba los veranos con su familia.
      Fue la tercera novela que publicó, le consagró como escritor en España y le dotó de su propio estilo narrativo.
      Es una novela muy emotiva en la que un muchacho de once años recuerda, durante la insomne noche anterior a su marcha a la ciudad para estudiar el bachillerato y progresar como su padre quiere, sus vivencias en el pueblo, el contacto con la Naturaleza, la camaradería y las aventuras, el nacimiento del amor, el descubrimiento de la sexualidad o la cercanía de la muerte.
      Daniel el Mochuelo en esa noche establece un límite entre su vida anterior, ya convertida en recuerdo, y el futuro, al que él renunciaría de buen grado, pero no puede, porque en realidad la pérdida que experimenta no es solamente el abandono del pueblo y el paisaje, de su familia y amigos, sino que acaba de perder la inocencia. La infancia queda atrás y ante él se abre un camino, el camino que da título a la novela y que hace referencia a las homilías de Don José, el cura, al camino que Dios señala a cada uno y cuyo seguimiento proporciona la felicidad, pero también a la aventura de vivir que comienza para él en la ciudad.
      Delibes tiene la maestría de contar todo esto con sencillez, ironía, crítica y afectividad devolviéndonos con la relectura de esta novela a nuestra propia infancia, al tiempo en que jugábamos en la calle, en contacto con lo natural y siguiendo la cadencia de las estaciones, ese tiempo en que Cantabria era parte de Castilla, ese tiempo en que algunos  leían por vez primera esta maravillosa novela, el tiempo en cada uno de nosotros enterró la inocencia, dejó atrás el camino de la infancia y comenzó también el camino, la aventura de la vida.

Carmen Truchado Pascual

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 30 de junio de 2016

RESEÑA DE LA GITANILLA


RESEÑA DE LA GITANILLA

Se conmemora este 2016 el IV Centenario de la muerte de Cervantes y en nuestro club de lectura no hemos querido dejar pasar este año cervantino sin releer algo del Príncipe de los Ingenios.

Después de El Quijote, las Novelas ejemplares se cuentan entre sus obras más leídas, así que elegimos una de ellas, La gitanilla, para homenajear a Cervantes por un aspecto que nos parece admirable e incontestable: su modernidad.
 
Cervantes fue un hombre muy inteligente, se podría decir que adelantado a su tiempo. Muestra rasgos de una modernidad de pensamiento que se basa, como no podía ser de otra manera, en su amplia experiencia vital, en la gran cantidad de  lugares que recorrió, en la lectura y el conocimiento de la literatura clásica y de las tradiciones literarias tanto españolas como italianas, portuguesas… y la fusión de lo que a él le parecía más importante de las mismas. Esto hizo que abriese caminos que aún se siguen cuatrocientos años después de su muerte.
                
Con El Quijote trazó una inflexión en la línea evolutiva de la Literatura; es la primera novela moderna. Consigue realizar una gran crítica social a través del humor y crea unos personajes vivos, con matices, que cambian a lo largo de la obra. Pero también en sus Novelas ejemplares logra ser original pues con ellas introdujo el género de la novela corta en castellano.

En las Novelas ejemplares vemos una visión moderna, muy moderna para su época, de la mujer. Quizá sea excesivo decir que fuera feminista, pero así nos lo parece desde nuestra perspectiva. Y consigue serlo de forma disimulada ante la Inquisición.

En las Novelas ejemplares las mujeres actúan impulsadas por el amor. Suelen ser adolescentes hermosas descritas con los tópicos renacentistas. Son audaces, ingeniosas e incluso astutas.  Pretende demostrar que la principal guardadora de su honra es la propia mujer. Son decentes y decorosas y a veces religiosas. La alta alcurnia y la nobleza de sentimientos les dotan de dignidad y honorabilidad. Las protagonistas son raptadas. Casi todas las obras acaban felizmente, con el matrimonio de los enamorados.

De los personajes femeninos, los protagonistas son más comedidos, más recatados y honestos que los secundarios, que a veces son demasiado atrevidos y hasta descarados, e incluso crueles y malignos.

La gitanilla cuenta la historia de Preciosa, una joven robada de la cuna por una gitana que la educó como nieta suya y que le enseñó todas sus gitanerías. La gitanilla era excelente bailadora, recitadora de romances y además de hermosa y discreta, sabía leer y escribir. Los que la conocían quedaban encantados y se lamentaban de que fuese gitana. Con solo quince años da muestra de un gran raciocinio y picardía. Y conoce perfectamente la psicología femenina a pesar de su corta edad.

Es una gran observadora de la sociedad contemporánea y critica la poca inteligencia de los encumbrados, que se rodean de bufones y solo desean pasarlo bien y reírse, menospreciando la inteligencia y la sensatez.

Se muestra prudente en el amor, como una mujer madura. Hace hincapié en el valor de la virginidad. Y ella impone a Andrés, el caballero noble que la pretende, una serie de condiciones. Entre ellas convivir con los de su raza durante un tiempo. Cuando es aceptado por los gitanos, estos le admiten y le adjudican a Preciosa. Entonces ella se rebela y dice que aunque los gitanos le puedan entregar su cuerpo, su alma es libre.

El enamorado, por su parte, se enfrenta a todas las convenciones sociales y a las expectativas de sus padres por lograr el amor de Preciosa. Se somete a las condiciones de la joven y renuncia al papel de control y dominación que tradicionalmente se adjudicaba al varón.

Algunas veces Andrés se siente celoso e intenta recortar la libertad de movimientos de la muchacha, pero ella con gran madurez le dice que los celos nublan el entendimiento. Al final de la obra se descubre que la gitanilla es de linaje ilustre.

Entre los personajes femeninos secundarios se hallan Cristina, compañera de Preciosa, que a veces siente celos de ella. La gitana vieja, con la sabiduría que dan los años y la experiencia. Es astuta e interesada, ladrona y conoce remedios de la medicina popular.

Juana Carducha, hija de la viuda dueña del mesón, contrasta con Preciosa. Es egoísta, taimada y vengativa. No duda en mentir para conseguir el amor de Andrés, de quien se ha encaprichado.

Cervantes conoce bien la psicología femenina, lo que se observa tanto en los personajes aristocráticos como en los de origen popular. El lenguaje de los primeros es refinado y el de los segundos más ágil y familiar, con rasgos de humor.

Cervantes valora positivamente a la mujer. La ve con atributos como la prudencia, la honestidad, la gracia, la bondad, la inteligencia, la picardía, la habilidad para defender su honra y sus derechos, la perseverancia y la valentía.

Utiliza los personajes secundarios para mostrar el descaro, la obsesión por cazar a los hombres y el comercio con el propio cuerpo.

En estos relatos siempre son las mujeres las heroínas. Cervantes muestra su simpatía y admiración hacia ellas. Casi siempre salen victoriosas y siempre las defiende y las deja en buen lugar. Propugna su derecho a la libertad, sobre todo al elegir esposo.

En las Novelas ejemplares se encumbra a la mujer, tratándola como persona, con la misma dignidad del varón y a menudo más que él.

Utilizar la palabra feminista para definir la visión que Cervantes tenía de las mujeres quizá sea excesivo, pero da una gran lección de igualdad de la que pueden aprender muchos incluso en nuestros días.

Carmen T

 

 

domingo, 22 de mayo de 2016

RESEÑA DE TOKIO BLUES


RESEÑA DE TOKIO BLUES

Tokio blues es una novela romántica del japonés Haruki Murakami publicada en 1987 cuyo título original, Norwegian Wood, está tomado de una canción de los Beatles.

En ella se habla del paso de la adolescencia a la madurez. La pérdida y la sexualidad son sus temas principales. Refleja la soledad y el ansia de amor de los jóvenes en una sociedad muy cerrada en la que no se integran y que les lleva a sentirse extraños en cualquier parte: “La gente es extraña cuando tú eres un extraño”.

 El protagonista, el joven Toru Watanabe, cuenta en primera persona, con un tono nostálgico que le despierta precisamente el escuchar esa canción, el tiempo en que vivió en Tokio como estudiante universitario y los recuerdos sobre sus relaciones con dos muchachas: la bella, sensible y complicada Naoko y la alegre y sociable Midori. Watanabe tiene que elegir entre la fantasía y la realidad. Como telón de fondo, las protestas estudiantiles de finales de los sesenta contra el orden establecido.

Los personajes se sienten incapaces de mostrar sus sentimientos reales. Son jóvenes torturados por las ausencias familiares, por la presión, por el miedo a ser adultos. El sentimiento de culpabilidad está muy presente en su psicología. El suicidio planea sobre sus mentes como la causa de sus problemas o como la salida de ellos.

Midori es el personaje más real; ella vive y tiene problemas reales, familiares, económicos, pero es la más fuerte y alegre de todos. Ella es la prueba de que se puede no caer en el pozo, en la depresión. Por otra parte, Reiko es el único personaje adulto, una persona quebrada en el paso de la juventud a la madurez, que ahora dedica su tiempo y esfuerzo a evitar que otros sufran como ella. Tras muchos años de miedo a la vida, de pensamientos destructivos, ella es la prueba de que, si se resiste, se puede vencer. Solo hay que tener el valor de llegar.    

Haruki Murakami, hijo de profesores de Literatura japonesa, educado en un ambiente intelectual, de gustos musicales y lecturas occidentales, a lo largo de la novela invita a los lectores a descubrir o compartir sus autores, compositores, obras y canciones emblemáticos. De hecho la música transita toda la novela, y la literatura crea vínculos de unión entre los distintos personajes y algunas situaciones que recuerdan y homenajean a sus novelas favoritas.

Hay coincidencias biográficas entre Murakami y Watanabe: el gusto por la cultura  occidental, estudiar teatro griego, trabajar en una tienda de discos, ser una persona solitaria… Aunque él manifiesta en las escasas entrevistas periodísticas que ha concedido que esta novela realista no fue sino un experimento, un alejamiento de su modo habitual de escribir, lo cierto es que Tokio Blues fue un best seller y convirtió a Murakami en un ídolo de la juventud en su país. Eso no fue del agrado de este  hombre un tanto huraño, que huyó de Japón y se fue a vivir a Europa y después a América pero que regresó tras el terremoto de Kobe en 1995.

Favorito para el premio Nobel en los últimos cinco años, Murakami nos ha ofrecido una lectura con la que hemos disfrutado mucho y ha generado un debate muy interesante, porque a pesar de no estar muy versados en la cultura del país del Sol Naciente lo que describe son los  sentimientos de cualquier adolescente en cualquier época y lugar; su lucha por encontrar un lugar en el mundo, su miedo a crecer y a la vez su deseo de hacerlo.

Carmen Truchado Pascual

miércoles, 4 de mayo de 2016

RESEÑA LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO


LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO 

Parece que nuestras últimas lecturas vuelven a ser un paseo por la soledad. Lo paradójico de este hecho estriba en que, en el fondo, en todo libro  hallamos un intento de huida de la soledad misma, tanto por parte del autor como del lector. Nos movemos de la soledad del aristócrata francés Saint-Exupéry en El Principito, a la del autodidacta y prolífico autor inglés de clase obrera Alan Sillitoe en La soledad del corredor de fondo.

La soledad del corredor de fondo es un libro de relatos que toma el título del primero de ellos, justamente el que hemos leído y comentado. Fue escrito durante su estancia de cinco años en España, en Alicante concretamente. Es el segundo libro que escribió. Está ambientado en su ciudad natal, el Nothingham obrero de los años cincuenta.  Es posiblemente su mejor libro, a él le debe su gran fama y en su momento ya le confirmó como uno de los más importantes escritores de su generación.

Tanto en el relato como en el resto del libro los personajes son marginales y se rebelan contra la situación social en que les ha tocado vivir. El espíritu de todos ellos es un poco el espíritu del autor pues, a pesar de que no es un libro autobiográfico, refleja vivencias de su infancia, su familia o su entorno social y bastante de su visión del mundo. Aunque Sillitoe negara su adscripción, como algunos críticos pretendían, al grupo de los Angry Young Men, lo que no podía negar es que sus personajes eran auténticos jóvenes airados.

Narrado en primera persona, con un estilo sobrio, natural, sin concesiones literarias, cuenta la historia de un muchacho de diecisiete años llamado Colin Smith, de baja clase y familia desestructurada, al que meten en un reformatorio por un atraco a una panadería. Allí podría ser rehabilitado para la sociedad a través del deporte pues descubren que tiene excelentes facultades para correr. De paso conseguiría para el reformatorio el premio que el director tanto anhela, lo que le convierte en el favorito de los jefes.

Pero Colin tiene una rabia indomable, un profundo sentimiento de ser objeto de  injusticia por lo que le ha tocado en suerte y una negativa total a dejarse domesticar, eso que en El Principito veíamos como crear vínculos. Es listo, (con una inteligencia natural ya que no una educación formal) soberbio y desconfiado, está enfadado contra todo y contra todos y desprecia a todos los que le rodean. Está en guerra perpetua contra el mundo, algo que descubre cuando le envían al reformatorio, y como él dice, le enseñan la navaja.   

El gran acierto de Sillitoe fue no ofrecer una solución; ni ganar ni rendirse es posible, así que al protagonista sólo le queda hacer lo que hacen los perros acorralados: enseñar los dientes y morder la mano que le alimenta.

Colin, anarquista individualista, que no se siente parte de nada, ni de su propia clase, decide que lo único que puede hacer es ser fiel a sí mismo. Él se siente y se afirma como honrado y sincero frente a la hipocresía de la sociedad “recta”. Y para conservar su dignidad decide perder la carrera porque eso significa ganar la batalla contra el sistema, aunque nadie lo entienda. Terco, rebelde hasta el final, prefiere perder antes que integrarse, antes que colaborar con el director y lograr la copa para su reformatorio.

Colin conoce la sensación de soledad que invade al corredor de fondo cuando surca los campos y se da cuenta de que para él esa sensación es lo único honrado y genuino en el mundo. Colin es la exageración irreverente del propio Sillitoe, quien tenía claro que su decisión de abandonar la fábrica de bicicletas, donde empezó a trabajar a los catorce años y donde había trabajado su padre, para llegar a ser escritor, le separaría para siempre de los de su clase, aunque fuera para escribir sobre ellos como si perteneciera más a la clase obrera que ellos mismos.

El camino del escritor, especialmente del escritor de clase obrera,  es la soledad. Sillitoe lo sabía y lo aceptó.

En resumen, vemos en La soledad del corredor de fondo el grito desesperado de unos adolescentes de clase obrera insatisfechos, enfadados y rebeldes que representan una ruptura generacional. Sillitoe hizo lo que nadie antes: supo traducir esos sentimientos, sin sentimentalismos, supo describir personas deshumanizadas por la pobreza, la ignorancia y la injusticia que no creían en la posibilidad de salvarse, sino de mandarlo todo al infierno y simplemente seguir viviendo. Lo triste es que hoy, más de cincuenta años después, muchos jóvenes siguen siendo víctimas de la sociedad industrial y se siguen sintiendo frustrados, alienados y airados. Pero lo más triste es que para empatizar con Colin Smith o con todos ellos, tal vez haya que estar de su mismo lado.

Carmen T.